Ya no eres la misma desde que eres mamá

Abdomen de madre postparto

Me miraba al espejo y no era yo. Era otra persona. Más flácida, más gordita, menos atractiva a mis propios ojos. Y estaba tan cansada, tan agotada, tan triste… que no quería hacer nada.

Esa sensación de querer cambiar pero no tener ganas de esforzarte. De mirarte y preguntarte por qué te ves así de mal. De que nadie te haya avisado de que después del embarazo ibas a sentirte así de depresiva.

Me decían: «Es normal, ya eres mamá.» Pero yo no estaba dispuesta a aceptar eso como destino. Mi figura antes de mi primer hijo era esbelta. Presumía de mi abdomen, era demasiado bonito. Y de repente: estrías, flacidez, abdomen abultado.

Culturalmente, mi madre me decía que me amarrara el abdomen para que «cerrara bien». No lo hice. En cambio, decidí investigar. Y llegué a los famosos hipopresivos.

Mi experiencia intentando hacerlos (explicado fácil, porque yo tampoco entendía nada)

Voy a ser sincera: cuando escuchaba hablar de hipopresivos, sentía que todo el mundo los explicaba complicadísimo.

Que si «apnea», que si «activar el transverso», que si «abrir las costillas»… Y yo solo pensaba: ¿pero exactamente QUÉ tengo que hacer con el cuerpo?

Además, cada vez que lo intentaba:

  • me ahogaba
  • me mareaba un poco
  • sentía presión abajo
  • y hasta parecía que me hacía pis

 

Si te pasa eso, tranquila. Porque a mí también me pasó. Con el tiempo entendí que el problema no era que yo fuera torpe. El problema es que nadie te lo explica de forma simple.

Lo que son los hipopresivos de verdad

Después de practicar y entenderlo mejor, me di cuenta de que la idea básica es esta:

1.  Respirar normal.
2. Soltar todo el aire.
3. Hacer como si fueras a coger aire…
4. Pero sin dejar que entre.
 
Y ahí ocurre la magia: la barriga se mete sola hacia dentro.
 
No es meter tripa fuerte. No es aguantar la respiración a lo loco. No es sufrir. De hecho, cuando sale bien, se siente bastante suave.
 

Cómo empecé yo, porque de pie me agobiaba

La verdad es que de pie me costaba muchísimo. Sentía que me faltaba el aire y me ponía nerviosa. Así que empecé tumbada, y sinceramente, para principiantes es mucho mejor.

1. Tumbarme. Boca arriba, piernas dobladas, espalda relajada, una mano en la barriga.
2. Respirar normal. Primero dos respiraciones sin pensar demasiado.
3. Sacar todo el aire. Lento por la boca, como cuando empañas un espejo: «fffffff». Hasta quedarme vacía.
4. El truco que por fin entendí. Cuando ya no tenía aire, hacía como si quisiera inhalar, pero sin dejar entrar aire. Como intentar beber de una pajita tapada. Ahí las costillas se abrían… y la barriga se metía sola un poquito.

 

Cuando entendí eso, por fin comprendí el ejercicio de verdad.

Lo que hacía mal al principio

Lo que hacía: Meter barriga súper fuerte, aguantar muchísimo, sufrir para que funcionara.
 
Lo que funciona: Suave, consciente, sin forzar. Con los hipopresivos, menos es más.

 

Ese error solo hacía que me doliera, sintiera presión y me agotara. Exactamente lo contrario de lo que buscaba.

Lo del suelo pélvico, explicado normal

Apretaba tan fuerte «abajo» que terminaba peor. Hasta que entendí que solo hay que activar suave. Como una sensación ligera de cerrar y subir. Muy suave. No como si estuvieras haciendo una fuerza enorme.

Lo que hago ahora

Sesiones cortitas. Pocas repeticiones, pocos segundos, sin obsesionarme. Y honestamente, así me funciona mucho mejor. Porque antes convertía algo suave en una lucha contra mi propio cuerpo.

Siento que muchas veces vemos vídeos de gente haciéndolos perfectos y pensamos que debería salirnos igual en dos días. Pero aprender a controlar la respiración y el abdomen profundo lleva tiempo. Y no pasa nada si al principio no sale perfecto.

Si intentas hacerlos y te ahogas, te mareas, sientes presión o no entiendes nada: empieza muy básico. Tu cuerpo necesita aprender primero el movimiento. Lo que yo necesitaba no eran palabras técnicas. Era entender qué tenía que sentir realmente en mi cuerpo. Y eso lo cambió todo.

Si a ti también te lo explicaron complicado y lo dejaste, darte otra oportunidad desde cero merece la pena. Te lo digo yo, que casi me rindo.

Con ojeras y con amor — una mamá que se está conociendo de nuevo