Me miraba al espejo y no era yo. Era otra persona. Más flácida, más gordita, menos atractiva a mis propios ojos. Y estaba tan cansada, tan agotada, tan triste… que no quería hacer nada.
Esa sensación de querer cambiar pero no tener ganas de esforzarte. De mirarte y preguntarte por qué te ves así de mal. De que nadie te haya avisado de que después del embarazo ibas a sentirte así de depresiva.
Me decían: «Es normal, ya eres mamá.» Pero yo no estaba dispuesta a aceptar eso como destino. Mi figura antes de mi primer hijo era esbelta. Presumía de mi abdomen, era demasiado bonito. Y de repente: estrías, flacidez, abdomen abultado.
Culturalmente, mi madre me decía que me amarrara el abdomen para que «cerrara bien». No lo hice. En cambio, decidí investigar. Y llegué a los famosos hipopresivos.
Voy a ser sincera: cuando escuchaba hablar de hipopresivos, sentía que todo el mundo los explicaba complicadísimo.
Que si «apnea», que si «activar el transverso», que si «abrir las costillas»… Y yo solo pensaba: ¿pero exactamente QUÉ tengo que hacer con el cuerpo?
Además, cada vez que lo intentaba:
Si te pasa eso, tranquila. Porque a mí también me pasó. Con el tiempo entendí que el problema no era que yo fuera torpe. El problema es que nadie te lo explica de forma simple.
Después de practicar y entenderlo mejor, me di cuenta de que la idea básica es esta:
La verdad es que de pie me costaba muchísimo. Sentía que me faltaba el aire y me ponía nerviosa. Así que empecé tumbada, y sinceramente, para principiantes es mucho mejor.
Cuando entendí eso, por fin comprendí el ejercicio de verdad.
Ese error solo hacía que me doliera, sintiera presión y me agotara. Exactamente lo contrario de lo que buscaba.
Apretaba tan fuerte «abajo» que terminaba peor. Hasta que entendí que solo hay que activar suave. Como una sensación ligera de cerrar y subir. Muy suave. No como si estuvieras haciendo una fuerza enorme.
Sesiones cortitas. Pocas repeticiones, pocos segundos, sin obsesionarme. Y honestamente, así me funciona mucho mejor. Porque antes convertía algo suave en una lucha contra mi propio cuerpo.
Siento que muchas veces vemos vídeos de gente haciéndolos perfectos y pensamos que debería salirnos igual en dos días. Pero aprender a controlar la respiración y el abdomen profundo lleva tiempo. Y no pasa nada si al principio no sale perfecto.
Si intentas hacerlos y te ahogas, te mareas, sientes presión o no entiendes nada: empieza muy básico. Tu cuerpo necesita aprender primero el movimiento. Lo que yo necesitaba no eran palabras técnicas. Era entender qué tenía que sentir realmente en mi cuerpo. Y eso lo cambió todo.
Si a ti también te lo explicaron complicado y lo dejaste, darte otra oportunidad desde cero merece la pena. Te lo digo yo, que casi me rindo.
Con ojeras y con amor — una mamá que se está conociendo de nuevo