Ser madre o padre, trabajar, criar… y no renunciar a crecer

Persona que está sentada con un libro en la mano

Si algo he aprendido en este tiempo es que la vida como madre no se detiene, pero tú tampoco deberías hacerlo.

Tengo dos hijos, uno de 10 años y otro de 3, y eso ya lo cambia todo. Son etapas completamente distintas, necesidades diferentes y ritmos que no siempre encajan. Mientras uno necesita presencia constante, el otro necesita guía, conversación y acompañamiento emocional.

En medio de todo eso, está el trabajo, la casa… y también estoy yo.

Porque aunque durante mucho tiempo sentí que no llegaba a todo, entendí que no se trata de hacerlo todo perfecto, sino de tomar decisiones conscientes.

  • Decidí trabajar.
  • Decidí criar lo mejor que puedo, adaptándome a cada etapa.
  • Y también decidí no renunciar a seguir creciendo.

 

Estudiar con hijos no es fácil. Hay días sin tiempo, sin energía y sin ganas. Pero aun así, lo he intentado. Adaptándome a lo que sí podía hacer: formación online, momentos cuando los niños están en el colegio o en la guardería, trabajos de media jornada…

No es el ritmo ideal, pero es el que encaja en mi vida.

También he tenido que aprender a cuidarme, aunque sea en lo más mínimo. Porque cuando intentas llegar a todo sin parar, te desgastas. Y desde ahí, todo cuesta más.

No se trata de hacerlo todo bien ni de llegar a todo cada día.

Con el tiempo he aprendido a centrarme en lo que de verdad importa en cada momento: si estoy con mis hijos, intento estar de verdad; si tengo un rato para avanzar en mis objetivos, lo aprovecho sin exigirme más de lo que puedo dar.

Habrá días más productivos y otros en los que simplemente no se puede, y también está bien.

Al final, conciliar no es encontrar un equilibrio perfecto, sino aprender a adaptarte sin sentir que te estás fallando a ti misma en el camino